Según el informe anual de la CNMC, en 2025 se completó el cierre de la red de cobre en España. Se ha contado como un hito de modernización, y lo es. También es el final de un proceso que costó más de diez años y muchísimo más dinero del que nadie presupuestó al principio.

Encender una tecnología es un proyecto. Apagarla es una negociación con todo lo que se construyó encima mientras funcionaba.

La factura que no se ve

Cuando decides mantener un sistema antiguo «un año más», el coste que apuntas es el de mantenimiento. No es ese. El coste real se reparte en tres sitios y ninguno aparece en la partida correspondiente:

  • Todo lo nuevo tiene que ser compatible. Cada producto que lanzas mientras el sistema viejo sigue vivo carga con sus limitaciones. Y esa carga no desaparece cuando lo apagas: se queda en el diseño.
  • La gente que sabe mantenerlo se hace escasa y cara. Y mientras tanto no está construyendo nada.
  • Los clientes que quedan son los más difíciles de mover. Los que podían migrar migraron solos hace años.

Por qué siempre se alarga

Porque la decisión de apagar la toma quien paga el mantenimiento, y el beneficio lo recoge quien construye lo siguiente. Si son áreas distintas con presupuestos distintos, la conversación no ocurre nunca.

Es la razón por la que en el grupo tenemos una regla incómoda: cada motor tecnológico nace con una fecha de revisión escrita. No de caducidad, de revisión. Llegada esa fecha, alguien tiene que defender por qué sigue vivo. El silencio no vale como defensa.

Cómo se decide de verdad

La pregunta útil no es «¿esto todavía funciona?». Casi siempre funciona. La pregunta es: «si hoy no lo tuviéramos, ¿lo construiríamos?».

Si la respuesta es no y aun así se mantiene, hay que decir en voz alta qué se está comprando con ese dinero. A veces la respuesta es legítima: tiempo, tranquilidad, un contrato que vence en dieciocho meses. Otras veces la respuesta es que nadie quiere ser quien lo apague.

El dato que ordena el debate

La inversión del sector en 2025 fue de 6.073 millones de euros y, descontando el gasto en espectro, cayó un 9,8 % respecto al año anterior. Al mismo tiempo, el empleo llegó a 63.000 personas, la cifra más alta de la última década.

Menos inversión en infraestructura y más gente. Es lo que pasa cuando un sector termina de construir y empieza a operar: el gasto se desplaza del hormigón a las personas y a los sistemas. Quien no haga ese desplazamiento a tiempo se quedará con una red excelente y sin nadie que sepa sacarle partido.

Lo que aplicamos

Ninguna tecnología propia sin una respuesta escrita a dos preguntas: qué pasa el día que la queramos apagar, y quién lo sabrá hacer. Si no hay respuesta, no es un activo. Es un compromiso indefinido disfrazado de activo.

El cobre tardó una década en apagarse porque nadie tenía prisa en asumir el coste de la decisión. Vale la pena mirar qué estamos manteniendo hoy por el mismo motivo.